Hoy leemos: «Yo digo: Ustedes son dioses, hijos del Altísimo, todos ustedes; sin embargo, morirán como hombres» (Salmo 82:6-7). ¿Acaso esta declaración no implica que ustedes no son hombres originalmente? Si este mensaje se les dirige a ustedes, la frase «Morirán como hombres» carecería de sentido si ya lo fueran por naturaleza. Se les dice: «Ustedes son hijos de Dios… pero morirán como hombres».
Ahora nos dirigimos a la carta de Pablo a los filipenses: «Cristo Jesús, quien, siendo en forma de Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo, naciendo en semejanza de hombres. Y, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre».
Resumen explicativo: La premisa fundamental es que nuestra identidad original es divina y no humana. La experiencia humana es un acto voluntario de “despojo” donde el Ser Divino asume la limitación y la mortalidad para cumplir un propósito específico.
Ahora bien, ¡Jesucristo solo afirmó ser el Hijo de Dios! En el principio se les llamó “hijos de Dios”. Nuestro propósito actual consiste en despojarnos de nuestra naturaleza original para convertirnos en esclavos. La forma humana representa la cruz; es el estado de servidumbre. Ustedes llevarán esta cruz por un tiempo determinado. En ocasiones clamaremos, pues hemos tenido que renunciar completamente al Ser que realmente somos, ya que nuestra verdadera esencia es una con Dios. Éramos en forma de Dios; sin embargo, nos despojamos de nosotros mismos y asumimos la forma de esclavos, naciendo en semejanza de hombres. Siendo humanos, nos humillamos y nos hicimos obedientes hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
Ustedes son el Ser del que hablan las Escrituras. Esta historia aún existe en lo más profundo de su conciencia. Está sucediendo ahora mismo, independientemente de la duración, la repetición o su ubicación en el tiempo cronológico. Este proceso se revelará lentamente en cada persona de este mundo. A medida que se desvela, el individuo comprende que es él quien descendió a este plano y asumió la forma de un esclavo, es decir, esta forma humana.
Resumen explicativo: El cuerpo físico es la “cruz” y la “forma de esclavo” que el Ser Divino ha aceptado portar. Esta historia bíblica no es un evento del pasado, sino un proceso eterno que ocurre dentro de la conciencia de cada individuo.
Nadie puede subir al cielo sino aquel que descendió: el Hijo del Hombre. Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado. Este cuerpo físico que señalo no es su forma real. Ustedes lo asumieron con un propósito, pues representa la forma de la muerte. Descendieron a este mundo para experimentar la muerte. Cuando leen en las Escrituras: «¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y luego entrara en su gloria?», solemos asociar la palabra «sufrir» con la pena o el dolor. No obstante, si consultan una concordancia bíblica, verán que significa «experimentar una sensación o sentimiento».
Existen diversas palabras traducidas como «sufrir». Una de ellas se utiliza como «permitir» cuando Jesús se presenta ante Juan y acepta el bautismo por tradición; se traduce como «Permítelo ahora». Pero cuando se refiere a la afirmación: «¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas?», la palabra significa «experimentar una sensación»: experimentar la muerte.
Resumen explicativo: La ascensión solo es posible para aquello que primero descendió. El término bíblico “sufrir” no debe entenderse como dolor emocional, sino como el acto técnico de experimentar sensaciones físicas y la mortalidad, algo que el Ser Inmortal no podía conocer sin encarnar.
El Ser Inmortal que habita en ustedes no podía conocer la muerte ni los dolores de este mundo hasta que se unió a la finitud. Para lograr esta unión, tuvo que despojarse de su forma divina, que era una con Dios, y asumir la condición de esclavo al nacer como hombre. Por lo tanto, el Ser utiliza este cuerpo físico como si fuera una máscara. Su verdadera forma es de una gloria tal que, si intentara describirla, solo podría emplear palabras limitadas.
Cuando escuché al coro cantar aquel maravilloso himno: «¡Neville ha resucitado!», les aseguro que experimenté un movimiento en espiral. Esto ocurrió en 1946; yo era un cuerpo luminoso. No necesitaba la luz del sol, la luna ni las estrellas, pues yo mismo era mi propia luz. Mientras me deslizaba, todo a mi alrededor alcanzaba la perfección porque mi estado interno era perfecto. Cualquier imperfección que encontraba se transformaba instantáneamente. Los ciegos recobraban la vista, los sordos el oído y los lisiados la movilidad; todos se volvían perfectos en el instante en que yo pasaba. Esa era la forma real.
Resumen explicativo: El cuerpo físico funciona como una máscara que oculta nuestra verdadera naturaleza luminosa. Neville relata una experiencia visionaria donde, al recuperar su cuerpo de luz, su sola presencia restauraba la perfección en todo lo que le rodeaba.
Hace once años, el 8 de abril, cuando fui elevado desde mi cuerpo —la cruz que cargué a través de los siglos—, este se partió en dos, de arriba abajo. En ese momento contemplé algo difícil de explicar: mi cuerpo estaba dividido y frente a mí vi un manantial de luz dorada, líqu1ida y vibrante. Supe que ese era mi Ser. Yo, como observador, me fusioné con esa luz. Es mi propio Ser, mi Redentor y mi Creador; una suerte de autoredención de un Ser autocreado. En ese instante, ascendí al Cielo como una serpiente ardiente.
Si se le dice a un hombre que es una «serpiente ardiente», esto suele generarle temor. El ser humano desea permanecer como carne y hueso; anhela ser lo que es actualmente, quizás un poco mejor o más fuerte, pero se resiste a un cambio radical en su naturaleza.
Resumen explicativo: La liberación espiritual se describe como una división del cuerpo místico que revela una luz dorada líquida. Al fusionarse con esta luz, el individuo asciende, transformando su identidad de lo humano a lo divino, representado por la imagen de la serpiente de fuego.
Les aseguro que, aunque el rostro, la voz y las manos mantienen una apariencia humana, la naturaleza del cuerpo transformado es indescriptible. No es algo que se pueda ver con ojos físicos. Solo puedo describir el movimiento de mi ascenso; al entrar en ese estado, se produjo una reverberación inmensa, tal como indican las Escrituras cuando dicen que el Reino se toma por asalto. Esa experiencia les aguarda a todos ustedes. El descenso conduce a la generación; el ascenso, a la regeneración. El descenso se dirige hacia la muerte y la decadencia, mientras que el ascenso lleva a la vida eterna, enriquecida por las vivencias del descenso. Ustedes existían antes de que el mundo fuera creado y poseían la forma de Dios.
Como afirmó Pablo: «Él nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según el propósito que se propuso en Cristo como plan para el cumplimiento de los tiempos». Se trata de un plan deliberado, no de una idea improvisada. Ustedes ya existían antes de la creación del mundo. Son los dioses de los que se habla en las Escrituras y, debido a esa naturaleza divina, han descendido para probar la muerte.
Resumen explicativo: La trayectoria del alma es un ciclo planificado: descendemos a la generación (muerte) para ascender a la regeneración (vida eterna) con una sabiduría enriquecida. Somos seres preexistentes que participan en un diseño divino preestablecido.
Este relato es contemporáneo. Al leer las Escrituras, no piensen que se refieren a sucesos ocurridos hace dos mil años. Lo que leen está sucediendo ahora. Se dice que él vino únicamente para cumplir las Escrituras. ¿Qué pasaje se cumple en el capítulo 10 de Juan? Remítanse al capítulo 21 de Deuteronomio: «Si un hombre tiene un hijo terco y rebelde, que no obedece a su padre ni a su madre, lo llevarán ante los ancianos de la ciudad y dirán: “Este hijo nuestro es rebelde, no obedece, es glotón y borracho”. Entonces los hombres de la ciudad lo apedrearán hasta que muera».
¿Reconocen este personaje en el Evangelio? El capítulo 11 de Mateo relata: «Llamaron al Hijo del Hombre borracho y glotón, amigo de pecadores y recaudadores de impuestos». Es el mismo que cuestionó a su madre diciendo: «¿Qué tengo que ver contigo?», y que más tarde fue confrontado en el templo por sus padres, quienes lo buscaban angustiados. Él respondió: «Debo ocuparme de los asuntos de mi Padre».
Resumen explicativo: Neville vincula las leyes del Antiguo Testamento sobre el “hijo rebelde” con la figura de Jesús para mostrar que el despertar espiritual implica una ruptura con la autoridad y la herencia física de los padres terrenales para reconocer únicamente la paternidad divina.
Con esto, él declara no reconocer padres terrenales, pues se dedica a los negocios de su Padre Celestial. Sus oyentes no podían comprenderlo; él tenía entonces unos doce años. No entendían su negación total de la ascendencia física, pues él ya recordaba quién era realmente. Descendió para experimentar la muerte y cargó la cruz durante el tiempo asignado. Entonces llegó el momento en que la cruz se dividió de arriba abajo, el Espíritu cautivo fue liberado, el rango perdido fue restaurado y la caída fue perdonada.
Él pregunta: «¿Quiénes son mis padres? ¿Quiénes son mis hermanos y hermanas? Aquellos que hacen la voluntad del que me envió». Me envió a este mundo de decadencia para experimentar la mortalidad, algo que no podía conocer desde las alturas. Tuve que descender, encarnar y nacer como hombre. Esta es la cruz que ahora porto.
Resumen explicativo: El proceso de despertar conlleva el recuerdo de nuestra identidad divina y la liberación del espíritu que estaba “atrapado” en la carne. La vida humana es una misión necesaria para experimentar la limitación que es ajena a nuestra naturaleza original.
No puedo describir la alegría que les espera cuando recuperen el Cuerpo que entregaron. Es un cuerpo de luz, poder y sabiduría absoluta. En ese estado, no se requiere esfuerzo físico para sanar; no hace falta recurrir a hospitales ni a bancos de órganos. Al pasar, todo se restaura porque ustedes son perfectos. No necesitan nada de lo que el hombre mortal considera indispensable. Nada imperfecto puede subsistir en su presencia cuando visten esa Prenda gloriosa que una vez sacrificaron al asumir la forma de esclavos.
Por tanto, si les digo: «Ustedes son dioses, hijos del Altísimo; sin embargo, morirán como hombres», y ustedes se consideran meramente humanos, la afirmación parecería absurda. Pero si se les dirige en el Consejo Divino, ¿quiénes son ustedes entonces? Les aseguro que son hijos de Dios. Renunciaron a su forma divina temporalmente. Yo solo puedo ofrecerles un vislumbre del recuerdo al relatarles, desde mi experiencia personal, lo que les aguarda.
Resumen explicativo: El “Cuerpo de Gloria” que recuperaremos es intrínsecamente perfecto y posee un poder restaurador espontáneo. Nuestra identidad actual como hombres es solo una fase temporal dentro de una realidad divina superior.
El término «serpiente» puede resultar desagradable para muchos, no obstante, se nos describe a los serafines —las serpientes ardientes que rodean el trono de Dios— como la creación más sabia. Cuando Isaías se ofreció diciendo: «Envíame, oh Señor», un serafín tocó sus labios con un carbón encendido; poseía voz, manos y rostro humanos, aunque se les represente con alas. Por experiencia propia, les digo que no necesitan alas. En ese Cuerpo son omnipresentes. Dondequiera que esté su atención, allí estarán ustedes. No necesitan trasladarse; son el poder mismo. Son Omnipotencia, Omnisciencia y Omnipresencia. Ese es su verdadero Ser. Sin embargo, se despojaron de todo ello por un propósito divino. A menudo, mientras cargamos esta pesada cruz humana, clamamos por liberación ante los horrores del mundo.
Ustedes llevarán esta cruz durante el tiempo que les haya sido asignado. Al cumplirse el plazo, su estructura interna se dividirá y verán el oro fundido que adopta cualquier forma. Ustedes, como observadores, se fusionarán con ese estado dorado y este tomará su forma. Entonces ascenderán al Cielo como una serpiente ardiente. ¡Ese es su Ser real!
Resumen explicativo: Los serafines representan la sabiduría y el poder divino que poseemos de forma latente. Nuestra verdadera naturaleza no está limitada por el espacio ni el tiempo, y el ascenso final ocurre cuando nos fusionamos con la luz dorada interna que hemos despertado.
No permitan que nadie los intimide ni les diga que deben realizar tal o cual obra para alcanzarlo. ¡Todo está consumado! Ustedes están aquí como miembros de un solo Cuerpo que comparte un propósito. Al regresar, volverán a ser ese Cuerpo único. Ustedes y yo formamos el Cuerpo único que es Dios. Nosotros, los hijos de Dios, descendimos, y al elevarnos, somos Dios el Padre. Esta es la única forma de experimentar la plenitud: fragmentándonos, recorriendo todo el camino de la experiencia y, finalmente, regresando a la Unidad. Esa Unidad es Dios el Padre.
Cuando se menciona que intentaron «apedrearlo», las piedras representan los hechos literales de la vida. Se nos dice que «no se le rompió ni un solo hueso». Ese cuerpo del que se habla es la Biblia; es su cuerpo eterno. A lo largo de los siglos, los hombres han intentado modificarla con ediciones y conceptos personales erróneos, pero la estructura esencial permanece intacta. Él no vino a abolir la ley, sino a cumplirla en su totalidad. Ustedes son aquellos de quienes se habla en las Escrituras. ¡Ustedes son el Señor Jesucristo!
Resumen explicativo: La divinidad se fragmentó en la humanidad para enriquecerse a través de la experiencia y regresar a la Unidad como el Padre. Las “piedras” del mundo material no pueden destruir la estructura espiritual eterna (el “cuerpo” de la Palabra) que reside en ustedes.
Hasta que no lo experimenten directamente, es posible que se sientan obsesionados con la idea. Simplemente reflexionen sobre ello. Duerman con la conciencia de ser Él y, en un futuro cercano, conocerán sin duda alguna quiénes son realmente. Comprenderán la verdad de mis palabras. Todos llegarán a este conocimiento; por esta razón estoy aquí y he sido enviado. He sido llamado y enviado tal como Pablo y la figura central de los Evangelios, quien afirmó: «Si me han visto a mí, han visto al que me envió». Ustedes reconocerán al remitente cuando me vean, porque todos compartiremos la misma esencia. Les aseguro que no hay pérdida de identidad; no es una absorción donde el individuo desaparece. Al contrario, conservarán su identidad en una forma gloriosa, radiante, todopoderosa y omnisciente.
¿Qué importancia tiene ganar un premio Óscar o ejercer poder en el mundo del César? Nada de eso se compara con el Ser que ustedes son. Dediquen toda su mente y alma a la esperanza de que este desarrollo interno ocurra pronto, pues ese es el único propósito de la existencia. Cuando este propósito se revela, toda la imagen de la vida cobra un sentido perfecto.
Resumen explicativo: El despertar no anula la identidad individual, sino que la eleva a una dimensión de poder y sabiduría totales. Los logros mundanos son triviales en comparación con la revelación del propósito divino que da coherencia a toda la experiencia humana.
Si están atravesando momentos difíciles, recordaré una declaración de Blake: «Existen estados en los que todos los hombres visionarios son considerados locos». A esto añado: «Lean el segundo capítulo de Lucas, el primer versículo». Podrían preguntarse qué relación tiene el censo de César Augusto con la locura de los visionarios. Pero si leen el capítulo completo, comprenderán que el nacimiento del niño está a sus puertas. José, descendiente de David, llevó a María a Belén y allí llegó el momento del parto. ¡El Hijo nació!
Este nacimiento es precedido por lo que el mundo considera una forma de locura. Blake no solía explicar sus metáforas con detalle; afirmaba que lo que es demasiado evidente no despierta las facultades del hombre para actuar. Si se deja espacio a la reflexión, se estimula al individuo a pensar y despertar sus capacidades. Blake insinúa que una especie de agitación mental o “locura” precede al nacimiento espiritual.
Resumen explicativo: Las crisis o estados de confusión mental a menudo preceden al “nacimiento” del Cristo interno. Estas experiencias, aunque incomprendidas por la sociedad, son señales de que el proceso espiritual está llegando a su culminación.
Años antes de 1959, experimenté sensaciones que, de haberlas compartido, habrían sido tachadas de locura. A pesar de hablar ante miles de personas en teatros abarrotados, sentía en mi cabeza —tal como una mujer siente la lucha de un niño en su vientre— un estado palpitante, vibrante y constante. Me encontraba ante grandes audiencias, pero internamente estaba como una mujer embarazada al final de su término. De esa experiencia hablaba Blake.
Le digo a cada uno de ustedes: hasta que este nacimiento ocurra, no pueden regresar a su estado original, pero les aseguro que ocurrirá. Como está escrito: «Nadie puede entrar en el Reino de Dios a menos que nazca de lo alto». Tras este nacimiento, serán levantados como la serpiente en el desierto. El proceso sigue un orden: primero el nacimiento, luego el descubrimiento de la Paternidad de Dios, después el ascenso como serpiente ardiente y, finalmente, el descenso del Espíritu Santo en forma de paloma. ¡Entonces todo habrá concluido!
Resumen explicativo: Neville describe la “gestación” espiritual como una sensación física y vibratoria en la cabeza. El retorno al Reino de Dios sigue una serie de etapas místicas precisas que culminan con la liberación total del individuo.
Ustedes seguirán aquí por un tiempo para relatar estas vivencias y animar a quienes están cerca de su propio despertar. Todos deben cargar la cruz durante el tiempo asignado. Al final, esa columna vertebral se dividirá para revelar lo que Blake describió en su obra “Jerusalén”: la visión del Divino Redentor y Creador. Él decía ver las visiones de su sueño mortal de seis mil años girando como una serpiente de oro y piedras preciosas, reconociendo en ello su propio Ser.
Aunque intente explicarlo, para el mundo esto carece de lógica. ¿Cómo se puede observar una luz dorada y fundida y saber con total certeza que es uno mismo? Es una convicción superior a la que se tiene al mirar un reflejo en el espejo. Al reconocer esa luz, ustedes se fusionan con ella, recuperan su molde original y ascienden al Cielo entre resonancias de trueno. Ese es el Ser que ustedes son.
Resumen explicativo: La culminación del viaje humano es el reconocimiento del Ser Divino en una forma de luz líquida. Esta experiencia es la prueba definitiva de nuestra identidad, permitiéndonos trascender el “sueño mortal” y regresar a la fuente divina.
El Salmo 82, considerado uno de los más difíciles de interpretar, declara: «Dios ha tomado su lugar en el Consejo Divino; en medio de los dioses Él juzga. Yo digo: Ustedes son dioses, hijos del Altísimo, todos ustedes; sin embargo, morirán como hombres». Cuando alguien en el mundo reclama esta verdad, los demás intentan «apedrearlo» recordándole su origen terrenal. Le acusan de blasfemia porque, siendo hombre, se hace pasar por Dios.
Él responde citando la ley: «¿No está escrito que ustedes son dioses? Si la Escritura llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, ¿por qué me acusan de blasfemia por decir que soy el Hijo de Dios?». Ustedes son hijos de Dios, aunque ahora no lo crean y prefieran identificarse con su linaje carnal. No conocerán la verdad hasta que experimenten lo que él experimentó: el “sufrimiento” o la sensación total de la vida y la muerte.
Resumen explicativo: La resistencia del mundo ante la afirmación de nuestra divinidad es un tema recurrente. Sin embargo, la propia Escritura nos define como dioses en un estado temporal de mortalidad, una verdad que solo se valida a través de la experiencia directa.
No puedo expresar con palabras la gloria que les aguarda cuando sean revestidos con ese Cuerpo hermoso del que se despojaron. Ustedes no comenzaron su existencia en formas biológicas primarias; esos son solo ropajes o vehículos que ustedes, como hijos de Dios, penetraron y anexaron. Para hacerlo, tuvieron que vaciarse de su gloria y asumir la cruz de la humanidad. No es una simulación; es una inmersión real que durará el tiempo asignado hasta que escuchen el llamado.
Respecto al tema del traidor, nadie puede traicionar a Dios sin conocer Sus secretos, pues solo el Espíritu de Dios conoce las profundidades de Dios. Judas, por tanto, debía conocer el secreto. La palabra traducida como «ay» en algunos pasajes puede interpretarse como una pregunta sobre la identidad de aquel que cumple esa función necesaria. Él conocía el secreto que los demás ignoraban hasta el final.
Resumen explicativo: La encarnación no es un proceso evolutivo accidental, sino una inmersión deliberada de la divinidad en la materia. Incluso figuras como Judas son parte de este engranaje místico, actuando desde un conocimiento profundo del plan divino.
En las Escrituras, José representa al Soñador y es el principio del perdón. Él dijo a sus hermanos: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien». José es el soñador que, al despertar, se revela como el Señor Jesucristo; se convierte en su propio padre. En el libro de Números, Moisés cambia el nombre de Oseas a Josué, que significa Jesús o Jehová. Es el misterio de la identidad desvelándose.
José es el soñador en cada hombre. El sueño comenzó con la promesa de que todas las cosas se inclinarían ante él, lo que provocó que fuera vendido como esclavo. Del mismo modo, ustedes se despojaron de su gloria y se convirtieron en esclavos en este mundo. Pero la promesa es clara: «Resucitaré a tu hijo después de ti, que saldrá de tus entrañas; yo seré su padre y él será mi hijo». El Soñador que despierta en ustedes es el Señor.
Resumen explicativo: José simboliza la imaginación y el estado de sueño en el que se encuentra la humanidad. El proceso de ser “vendido como esclavo” a la materia es necesario para que, al despertar, el Soñador reconozca su propia divinidad y la paternidad de Dios dentro de sí mismo.
No piensen en el «sufrimiento» como algo puramente doloroso. Blake decía que la alegría y la tristeza están finamente tejidas como una prenda para el alma divina. En este mundo, donde comemos del Árbol del Bien y del Mal, experimentamos ambas polaridades. Al llegar al final, el Espíritu que se atrapó voluntariamente es liberado mediante la división del cuerpo y asciende enriquecido. El rango de Hijo de Dios es restaurado, pero ahora con la dignidad del Padre. Ustedes despiertan como el Padre tras haber soportado esta carga por el tiempo asignado.
Entremos en el Silencio.
Resumen explicativo: La dualidad humana de placer y dolor es el tejido necesario para la expansión del alma. El resultado final del viaje terrenal no es simplemente volver al estado inicial, sino regresar con la autoridad y la sabiduría de Dios el Padre.
¿Desea que continúe con la reescritura de otro fragmento o prefiere profundizar en algún punto específico de esta conferencia?

